Documento de posición

El positivismo frente a la nostalgia populista

A las fuerzas populistas de Europa les encanta pintar un panorama sombrío de nuestro presente: sobrecarga por la migración, decadencia de los valores sociales, estancamiento económico, pérdida de identidad. Sus propuestas de solución suelen ser simplistas, retrógradas… e históricamente ingenuas: volver a los supuestos «buenos viejos tiempos».

Este documento presenta una postura contraria basada en datos. Demuestra que Europa —a pesar de todos los retos actuales— está hoy mejor en casi todos los ámbitos fundamentales de la vida que hace 80 años: esperanza de vida, educación, salud, mortalidad infantil, prosperidad, Estado de derecho, libertades individuales, igualdad… todo eso ha mejorado notablemente. Nunca antes el acceso al conocimiento, la tecnología y la movilidad había sido tan amplio; nunca antes Europa había vivido en paz y colaboración durante un periodo tan prolongado como en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Al mismo tiempo, el documento no oculta que estos logros no se consiguen por sí solos. La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, la escasa cohesión social en algunos sectores de la sociedad, los problemas de integración y la creciente inseguridad en la vida cotidiana ponen de manifiesto que: Las sociedades abiertas deben protegerse, tanto hacia fuera como hacia dentro. El progreso necesita orden, la cohesión necesita normas y la integración necesita una gestión adecuada. Quien no lo reconozca, pone en riesgo la confianza en la democracia, el Estado del bienestar y la convivencia.

Por eso, FOKUS defiende un concepto realista de progreso: no defendemos el statu quo, sino que exigimos que siga evolucionando, con expectativas claras en materia de integración, con una inversión decidida en educación y seguridad, y con una cultura política que señale los problemas, pero sin instrumentalizarlos. Para nosotros, el optimismo no es solo hablar bonito, sino la voluntad de resolver problemas: basándonos en hechos, con la mirada puesta en el futuro y dispuestos a actuar.

Precisamente porque los retos de nuestra época son reales, necesitamos partidos que no se dediquen a fantasear con el fin del mundo, sino que vean a Europa como un espacio para dar forma al futuro.

Este documento es un llamamiento a tener más confianza en el futuro, a una política centrada en las soluciones y a una Europa que se atreva a hacer cosas.

Hechos en lugar de miedo. Realismo en lugar de romanticismo. Progreso en lugar de retroceso.

FOKUS.

Una alternativa creíble en lugar de nostalgia populista.

Introducción

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Europa ha vivido profundos cambios tecnológicos y sociales, en su mayoría positivos. Sin embargo, los populistas suelen pintar un panorama sombrío y idealizar los «buenos viejos tiempos» para avivar el pesimismo. Sin embargo, si miramos los hechos con realismo, vemos que a la gente en Europa hoy le va mucho mejor en muchos aspectos que hace 80 años. Desde el periodo de paz más largo de la historia europea, pasando por un enorme auge económico, hasta la mejora del nivel de vida, la salud y los derechos sociales, hay muchas razones para ser optimistas.

Este documento pretende ser un contrapeso a la narrativa culturalmente pesimista de muchos populistas, no con un discurso edulcorado, sino con un balance basado en hechos. Europa es mejor de lo que se dice de ella, en casi todos los ámbitos de la vida. Pero también sabemos que quien ignora las preocupaciones justificadas, le deja el terreno libre a los que no deberían tenerlo. Por eso también hablamos de seguridad, integración y los límites de nuestra capacidad de resistencia.

El optimismo no significa ignorar los problemas, sino confiar en tu propia capacidad para encontrar soluciones y en tu poder para dar forma a las cosas.

Paz y estabilidad en Europa

Tras las devastadoras guerras mundiales, Europa ha iniciado una etapa de paz sin precedentes. Europa Occidental y Central no han vuelto a entrar en guerra entre sí desde 1945. A esta era de paz se la suele llamar «Pax Europaea» y está muy ligada a la unificación europea: la creación de la Comunidad Europea, de la que surgió la UE, y la OTAN hicieron que las guerras entre los países miembros fueran prácticamente imposibles. Incluso el final de la Guerra Fría transcurrió en Europa de forma mayoritariamente pacífica; muchos de los antiguos Estados dictatoriales de Europa Central y del Este pudieron transformarse democráticamente en la década de los noventa sin caer en nuevos conflictos armados. Por su papel como proyecto de paz, la Unión Europea recibió, como era de esperar, el Premio Nobel de la Paz en 2012.

Las repercusiones de esta paz duradera son tremendamente positivas. Una generación tras otra ha podido crecer en Europa sin tener que hacer el servicio militar, sufrir bombardeos ni ser desplazada, algo que en siglos anteriores habría sido inimaginable. La estabilidad y la seguridad son la base de la prosperidad y de poder labrarte tu propio futuro. Donde hace 80 años gran parte del continente yacía en ruinas, hoy los países europeos colaboran estrechamente. Las disputas se resuelven en la mesa de negociaciones, ya no en los campos de batalla. Este logro histórico de paz y estabilidad abre una perspectiva optimista para el futuro de Europa.

Pero, como ya escribió Schiller,«ni siquiera el más piadoso puede vivir en paz si al vecino malvado no le gusta». Y así, tampoco este modelo de paz europeo es inmune a la agresión externa. La brutal guerra de agresión de Rusia contra Ucrania marca un punto de inflexión histórico: demuestra que los regímenes autoritarios están dispuestos a actuar con violencia en contra del derecho internacional. Y la confianza cada vez más mermada en EE. UU. bajo el mandato de Donald Trump, el avance de los populistas de derecha en Europa y los problemas que esto conlleva a la hora de tomar decisiones dentro de la UE (palabra clave: unanimidad) no ayudan a mejorar la situación.

Por otro lado, las crisis también pueden hacerte crecer, y los europeos están demostrando ahora mismo que, a pesar de todo, siguen siendo capaces de hacerlo. La reacción europea ante la situación demuestra su fortaleza: nunca antes había habido tanta unidad en cuanto a sanciones, ayuda militar y apoyo a Ucrania. Europa se da cuenta de que la paz no solo se basa en la buena voluntad, sino también en la disuasión. Por eso, muchos países vuelven a invertir de forma específica en defensa, no por agresividad, sino para proteger valores como la libertad y la seguridad. El optimismo radica en que Europa no se resigna ante la amenaza, sino que saca de ella la capacidad de actuar. Los intentos de Putin de destruir el orden europeo fracasarán, porque Europa es más fuerte cuando está unida.

Recuperación económica y nivel de vida

Al mismo tiempo que se restablecía la paz, Europa vivió un auge económico sin precedentes. Las décadas posteriores a 1945 pasaron a la historia como la «época dorada del crecimiento»: el cuarto de siglo tras la guerra se considera el periodo más notable de crecimiento económico y progreso social en Europa. De hecho, la producción y los ingresos se multiplicaron. Solo entre 1950 y 1980, la productividad laboral en Europa Occidental se multiplicó por cuatro aproximadamente, y el nivel de vida subió a toda velocidad: el consumo per cápita se triplicó en esas tres décadas (en términos reales). Este enorme aumento de la prosperidad ha continuado, aunque a un ritmo algo más lento, hasta hoy. Los europeos disponen, de media, de un ingreso real mucho mayor que el de hace 80 años, lo que se refleja en un mayor nivel de vida.

Las condiciones de vida materiales han mejorado mucho. Mientras que a finales de la década de 1940 muchas familias pasaban apuros —con racionamiento de alimentos y escasez de productos—, hoy en día el hambre y la pobreza extrema han desaparecido casi por completo en Europa. El porcentaje de personas desnutridas en Europa está por debajo del 2,5 % (FAO, 2019), prácticamente en el límite de detección. En los años de la posguerra, algunas zonas de Europa aún sufrían auténticas hambrunas, mientras que hoy en día lo que predomina es más bien la abundancia y la variedad alimentaria. El equipamiento de los hogares y la movilidad también reflejan claramente este progreso: en la década de 1950, solo unos pocos hogares europeos tenían coche, teléfono, nevera o lavadora. Por ejemplo, en 1956, en el Reino Unido solo el 22 % de los hogares tenía coche; hoy en día, la cifra ronda el 75 % (tres de cada cuatro hogares). Se observaron tendencias similares en toda Europa: desde tener un coche propio hasta los electrodomésticos modernos o la conexión a Internet, cosas que antes eran un lujo se han convertido hoy en algo habitual.

Este salto en el nivel de vida se ha visto favorecido por la apertura de los mercados y la integración europea. El mercado único de la UE facilita el comercio, crea puestos de trabajo y aumenta la variedad de productos para los consumidores. Hoy en día, los europeos disfrutan de un alto nivel de vida: acceso natural a la electricidad, la calefacción, el agua corriente, infraestructuras modernas, aparatos electrónicos y una gran variedad de bienes de consumo con los que en la década de 1940 solo se podía soñar.

La riqueza en tiempo también ha aumentado: la gente tiene que dedicar menos tiempo de su vida al trabajo para poder permitirse un buen nivel de vida. Entre 1950 y hoy, la jornada laboral media anual por trabajador en Europa Occidental se ha reducido en varios cientos de horas, lo que permite disfrutar de más tiempo libre y descanso. En resumen: hoy en día, los europeos son, de media, más ricos y tienen más tiempo libre que cualquier generación anterior.

Salud y esperanza de vida

El progreso se nota de forma especialmente impresionante en el ámbito de la salud. Gracias a una mejor atención médica, higiene, alimentación y nivel de vida, la esperanza de vida de las personas ha aumentado de forma espectacular. En Europa, la esperanza de vida media ha aumentado entre 15 y 18 años desde 1950: ha pasado de unos 62 años en aquel entonces a algo más de 79 años hoy en día. En concreto, la esperanza de vida media en Europa pasó de unos 62 a 79,3 años entre 1950 y 2024. Así que un niño que nazca hoy puede esperar vivir muchos años más que uno que naciera hace 80 años.

Detrás de esta cifra abstracta se esconden enormes avances: hoy en día, casi todos los bebés y niños pequeños sobreviven a los peligrosos primeros años de vida, mientras que antes la mortalidad infantil era una triste realidad cotidiana. A nivel mundial, la proporción de niños que mueren antes de cumplir los 15 años bajó de alrededor del 25 % en 1950 a solo una pequeña fracción de esa cifra en la actualidad ; en Europa, la mortalidad infantil se sitúa hoy en día en solo unos 3-4 por cada 1.000 nacimientos, mientras que a mediados del siglo XX aún se situaba en porcentajes de dos dígitos. Las enfermedades que antes se cobraban millones de víctimas están bajo control o han sido erradicadas: la viruela se ha eliminado en todo el mundo, la poliomielitis se ha erradicado en Europa, y el sarampión, el tétanos, la difteria y muchas otras infecciones se han reducido drásticamente gracias a los programas de vacunación. Los antibióticos, que en la Segunda Guerra Mundial apenas estaban en fase inicial, ahora están ampliamente disponibles y curan enfermedades bacterianas que antes eran mortales. Además, hoy en día se diagnostican y tratan mejor las enfermedades crónicas y el cáncer; las posibilidades de sobrevivir, por ejemplo, a un cáncer son ahora mucho mayores que hace unas décadas.

No solo se vive más tiempo, sino que también se vive de forma más saludable: gracias a la prosperidad y a los avances médicos, los europeos disfrutan hoy, de media, de más años de buena salud. La mejora de las condiciones laborales y la seguridad en el trabajo han hecho que los trabajos sean menos peligrosos para la vida o la salud que antes. Y los sistemas sociales consolidados —como el seguro médico universal, las pensiones y la asistencia a personas dependientes— amortiguan muchas de las dificultades de la vida. Hace 80 años, una enfermedad o una incapacidad laboral podían suponer rápidamente la ruina; hoy en día, una red social muy sólida protege a la gran mayoría de lo peor.

Progreso social y derechos

Además de la paz y la prosperidad, Europa también ha experimentado un progreso democrático y social que invita al optimismo. Hace 80 años, muchos europeos sufrían bajo dictaduras o regímenes totalitarios; después de 1945, esto siguió ocurriendo inicialmente en España, Portugal y Grecia, y hasta 1990 en toda Europa del Este. Hoy, en cambio, casi todos los países de Europa son democracias en las que los ciudadanos pueden elegir libremente a su gobierno y expresar su opinión. La libertad de expresión y de prensa, el Estado de derecho y los derechos humanos son ahora valores firmemente arraigados. El Convenio Europeo de Derechos Humanos de 1950 e instituciones como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ofrecen a cada ciudadano una protección jurídica que hace 80 años no existía de esta forma. Las minorías y los opositores ya no tienen que temer por su vida cuando expresan críticas, lo que supone una diferencia enorme respecto a la primera mitad del siglo XX.

También han cambiado muchas cosas en la vida cotidiana de la sociedad: hoy en día se lucha activamente contra la discriminación. Las mujeres, que en la década de 1940 todavía estaban en desventaja legal en muchos sitios (por ejemplo, acceso limitado a ciertas profesiones, dependencia económica del marido, casarse más tarde en lugar de formarse), ahora tienen las mismas oportunidades legales y cada vez más participación real en todos los ámbitos de la vida. Su presencia en la política, la ciencia y los puestos de responsabilidad no deja de crecer. Cada vez más mujeres tienen títulos universitarios y desarrollan sus carreras profesionales; en toda Europa, la participación de las mujeres en el mercado laboral ha aumentado notablemente a lo largo del siglo XX[10]. En los años 50, a las mujeres casadas se las solía apartar de la vida laboral; hoy en día es normal que las mujeres trabajen y sean económicamente independientes. Los roles sociales se han vuelto mucho más abiertos.

Hoy en día, otros grupos que antes estaban marginados también disfrutan de una mayor igualdad: las minorías étnicas o religiosas, las personas con discapacidad o la comunidad LGBTQ cuentan con protección legal contra la discriminación y han ganado visibilidad. Por ejemplo, hace 80 años la homosexualidad era un delito en muchos países de Europa; ahora está legalizada casi en todas partes y cada vez se acepta más; en muchos países europeos, las parejas del mismo sexo pueden casarse y formar una familia, algo que entonces parecía impensable. En general, la sociedad europea se ha vuelto más pluralista, tolerante y liberal.

El principio del mérito y la equidad en el Estado del bienestar

Mucha gente tiene la sensación de que el Estado del bienestar está llegando a sus límites, no porque haga demasiado, sino porque ya no distingue entre conceder prestaciones y denegarlas. Ahí radica un problema enorme que los partidos tradicionales no están abordando lo suficiente.

En principio , la solidaridad solo funciona si se basa en la reciprocidad. El Estado social europeo no es una calle de sentido único, sino que se sustenta en la confianza de que todos aportan según sus posibilidades. Quien recibe prestaciones de forma permanente sin esforzarse, pierde esa confianza y, con ello, pone en peligro el sistema. FOKUS aboga por un Estado del bienestar con condiciones claras: que apoye, pero que también exija. Quien necesite ayuda, que la reciba; quien abuse de ella, que asuma las consecuencias.

La educación como motor de superación social, pero también como obligación de integración

La educación juega un papel clave en temas como la solidaridad y la integración. Claro, hoy en día casi todos los jóvenes europeos tienen acceso a la educación escolar, y el porcentaje de personas con bachillerato o un título universitario nunca ha sido tan alto. Gracias a los medios modernos, el conocimiento y la información están al alcance de amplios sectores de la población, mientras que hace décadas la educación superior solía estar reservada a una élite.

Pero también en este caso nos hemos pasado un poco con la igualdad de oportunidades. Porque el fuerte aumento del porcentaje de alumnos con el bachillerato y/o un título universitario no se debe tanto a que los alumnos de hoy sean mucho mejores. Sino más bien a que los políticos, con el pretexto de «igualar el rendimiento», no paran de rebajar el nivel necesario para obtener el título. Esto tiene que cambiar; aquí también tiene que volver a merecer la pena esforzarse.

Una buena educación es el mejor remedio contra la exclusión, la radicalización y la pobreza. Pero solo funciona si no se sobrecarga a los colegios. Quien llega nuevo a Europa tiene que apoyar activamente a sus hijos en el aprendizaje: el idioma, el rendimiento y el respeto hacia los profesores no son negociables. Además, necesitamos clases de integración específicas, pruebas de idioma obligatorias y reforzar la profesión docente, para que la educación no sea una ilusión, sino una vía de superación.

Una postura clara contra el extremismo, sea del tipo que sea

Mucha gente se siente amenazada por ambos extremos: tanto por el extremismo y el populismo de extrema derecha como por un idealismo de izquierdas moralmente exagerado y alejado de la realidad. A esto se suma que los partidos tradicionales del centro político se están desviando cada vez más hacia el neoliberalismo, el populismo y el idealismo de izquierdas. Por eso necesitamos un nuevo centro político y por eso existe FOKUS.

Creemos que la democracia no es algo que se dé por sentado: hay que protegerla. Contra la incitación al odio de la derecha, contra la trivialización de la izquierda, contra el fanatismo religioso y contra cualquier forma de violencia. Defendemos una postura firme contra el extremismo, pero también un tono que no moralice, sino que argumente. Necesitamos una nueva autoestima democrática: una sociedad que no se deje intimidar ni dividir.

El progreso social también significa una vivienda asequible

El aumento vertiginoso de los alquileres, los barrios saturados y la segregación son preocupaciones concretas del día a día de mucha gente, y ponen de manifiesto el fracaso de las medidas de integración.

La vivienda es más que metros cuadrados: es una cuestión de dignidad, participación y seguridad. Sin embargo, en muchos sitios están surgiendo zonas conflictivas donde se concentran la pobreza, el aislamiento cultural y la delincuencia. FOKUS quiere dinamizar la integración urbana, no consolidarla: mediante iniciativas de construcción de viviendas, criterios de adjudicación inteligentes e inversiones en barrios con futuro. Porque quien quiera integración, también tiene que tomarse en serio la planificación urbana.

El progreso social necesita normas claras e integración

La apertura social y la inclusión son valores de los que Europa puede estar orgullosa. Pero si queremos conservarlos, tampoco podemos pasar por alto sus requisitos: la integración solo funciona si se basa en la reciprocidad, es decir, en derechos y obligaciones. Hoy en día, en muchas ciudades de Europa se ven tensiones sociales porque las decisiones políticas de las últimas décadas han sido, a menudo, demasiado reacias a afrontar conflictos. Durante demasiado tiempo se ha intentado contentar a todo el mundo, incluso a aquellos que no quieren integrarse ni contribuir a la sociedad. Esto ha favorecido la aparición de estructuras paralelas, el abuso del Estado del bienestar y, en algunas regiones, un aumento notable de la delincuencia.

Pero estos problemas se pueden resolver, si nos ponemos manos a la obra. La integración necesita una gestión clara, normas precisas y coherencia. Quien quiera vivir aquí de forma permanente tiene que aprender nuestro idioma, respetar nuestros valores y participar activamente. Quien se niegue a hacerlo, o incluso luche contra nuestro orden, debe contar con sanciones, ya sean legales, sociales o en materia de política migratoria. La apertura de Europa no es un «sírvete tú mismo», sino que se basa en unos principios comunes.

FOKUS apuesta por un cambio en la política migratoria con sentido de la mesura: humanitaria con quienes necesitan protección, pero firme con los que se aprovechan de la situación. Y por un Estado que no se debilite, sino que se fortalezca, también a nivel interno. Porque la seguridad interior es una condición fundamental para la libertad, la confianza y la cohesión social.

La apertura necesita orden. La disposición a ayudar necesita límites. La libertad necesita seguridad.

A pesar de todos los problemas, todos estos puntos son motivos de peso para ser optimistas. Demuestran que Europa ha aprendido de los errores del pasado y que trabaja constantemente para lograr una convivencia más humana e inclusiva.

La revolución tecnológica y las facilidades en el día a día

Los últimos 80 años han traído avances tecnológicos que han cambiado radicalmente la vida cotidiana, para bien de la mayoría de la gente. La tecnología que en 1945 aún era ciencia ficción es hoy una realidad: los ordenadores, Internet, los móviles, la navegación por satélite, la medicina moderna y la tecnología del transporte han creado un nivel de comodidad y unas posibilidades con las que las generaciones anteriores solo podían soñar.

Un ejemplo claro es la comunicación: hace 80 años, una carta tardaba días en llegar y las llamadas internacionales eran caras; hoy nos comunicamos con el mundo en tiempo real a través del móvil. El conocimiento, que antes solo se podía consultar en las bibliotecas, ahora está disponible digitalmente para todo el mundo. Esta interconexión global aporta transparencia, facilita la educación y refuerza la participación democrática.

La movilidad también ha dado un gran salto adelante. Viajar por toda Europa en pocas horas —lo que antes llevaba días— es hoy algo habitual. Gracias a las fronteras abiertas y a las modernas infraestructuras de transporte, la movilidad es más fácil que nunca.

Los electrodomésticos, como la lavadora, el lavavajillas o la calefacción central, han sustituido al trabajo físico pesado y han facilitado mucho el día a día. Lo que antes suponía horas de trabajo doméstico, ahora lo hacen las máquinas: un avance que ha mejorado la calidad de vida y la igualdad.

Y, por último, pero no por ello menos importante, Europa ha logrado grandes éxitos en los ámbitos de la ciencia y la investigación. Los investigadores e ingenieros europeos han contribuido a la exploración del espacio (desde el Sputnik y el alunizaje hasta la participación europea en la Estación Espacial Internacional), han sido cofundadores de Internet (la World Wide Web se inventó en 1989 en el CERN, en Suiza), y han ganado numerosos premios Nobel de Medicina, Física o Química. El progreso tecnológico impulsa el crecimiento económico y la productividad, y también ofrece soluciones a los problemas actuales, desde las energías renovables hasta la digitalización de los servicios. Esta actividad innovadora constante nos da confianza en que Europa también podrá superar los retos del futuro.

Medio ambiente y sostenibilidad

Una de las preocupaciones que más se escuchan es la del medio ambiente; sin duda, hay grandes retos en este ámbito, como el cambio climático. Sin embargo, en las últimas décadas también se han observado tendencias positivas en Europa en este ámbito, lo cual da ánimos. La concienciación y la protección medioambientales han aumentado muchísimo desde los años 70. La UE y sus países miembros han puesto en marcha normas medioambientales estrictas que frenan los peores efectos de la contaminación del aire y del agua. La calidad del aire en Europa ha mejorado notablemente desde los años 70, después de que se aprobaran leyes para regular las emisiones contaminantes del tráfico, la industria y la generación de energía. Un ejemplo claro es la disminución de la contaminación por smog urbano: episodios como el «Gran Smog» de Londres de 1952, que se cobró miles de vidas, ya son cosa del pasado. Las emisiones de contaminantes como el dióxido de azufre (SO₂) o el hollín se han reducido enormemente: Europa ha bajado las emisiones de los contaminantes atmosféricos clásicos, en algunos casos entre un 70 % y un 90 % desde su punto álgido, lo que se traduce en aire más limpio y menos lluvia ácida. Ríos que en 1950 estaban biológicamente «muertos» (como el Ruhr o el Támesis, muy contaminados) están hoy tan limpios gracias a las medidas de protección medioambiental que los peces han vuelto a ellos. Estas mejoras demuestran que actuar con determinación en materia de protección medioambiental da sus frutos.

Europa también va a la cabeza en materia de protección del clima. Mientras que las emisiones de CO₂ siguen aumentando a nivel mundial, la UE ha conseguido reducir considerablemente sus emisiones de gases de efecto invernadero, y eso a pesar del crecimiento económico. Entre 1990 y 2022, la UE-27 ha reducido sus emisiones netas en torno a un 31 %, mientras que el producto interior bruto creció considerablemente en ese mismo periodo. Este efecto de «desacoplamiento» —crecimiento económico acompañado de una reducción de las emisiones— da motivos para creer que la prosperidad y la protección del clima son compatibles. Europa está invirtiendo a lo grande en energías renovables: parques eólicos en el mar del Norte, energía solar en el sur de Europa, energía hidroeléctrica en los Alpes… La proporción de electricidad verde en la combinación energética no deja de crecer. En 2020, ya alrededor del 38 % de la electricidad de la UE procedía de fuentes renovables, y la tendencia va al alza. Al mismo tiempo, la dependencia de las centrales de carbón, que contaminan mucho, es cada vez menor, lo que reduce aún más las emisiones. Además, las ciudades europeas apuestan cada vez más por el transporte público, la movilidad eléctrica y la verde para mejorar la calidad de vida y reducir las emisiones.

Claro que aún queda mucho por hacer, pero los avances logrados hasta ahora demuestran que es posible un cambio de rumbo sostenible. Europa tiene objetivos climáticos vinculantes (una reducción mínima del 55 % de las emisiones para 2030 y la neutralidad climática para 2050) y está dando prioridad a la política medioambiental. Hace 80 años no existía la protección medioambiental a nivel internacional; hoy, en cambio, todos los países europeos colaboran en acuerdos y soluciones (desde el Acuerdo de París sobre el clima hasta las directivas de la UE sobre protección de la naturaleza). Este esfuerzo conjunto por un medio ambiente limpio y habitable demuestra una visión de futuro y es otra razón más para mirar al futuro con optimismo.

Conclusión: hay motivos para ser optimistas

Los populistas se ganan la vida señalando problemas sin ofrecer soluciones. En cambio, lo que ofrecen es pesimismo e ignoran todos los avances que no encajan en su narrativa. Hemos demostrado que Europa ha avanzado muchísimo en las últimas décadas, y que hay buenas razones para seguir siendo optimistas. Pero tampoco nos callamos dónde están los problemas. Porque el optimismo de verdad requiere honestidad: sobre la migración, sobre la seguridad, sobre la cohesión social. Solo si nos tomamos en serio estos temas, el progreso seguirá su rumbo y la democracia seguirá siendo creíble.

Si comparamos la situación actual con la de hace 80 años, queda claro que nuestro presente supera a los «buenos viejos tiempos» en casi todos los aspectos. Europa ha pasado de ser un continente devastado por la guerra a convertirse en un espacio de paz, libertad y prosperidad. Los europeos viven más tiempo, gozan de mejor salud y, en general, también están más seguros que la generación de sus bisabuelos. Disfrutan de un nivel de vida más alto, más derechos y libertades, una mejor educación y oportunidades más variadas. Por supuesto, hoy en día también hay problemas y contratiempos —desde crisis económicas hasta guerras, pasando por el calentamiento global—, pero la perspectiva histórica nos enseña que la humanidad es capaz de superar grandes retos. Teniendo en cuenta las dos guerras mundiales, las dictaduras y las crisis del siglo XX, las dificultades actuales parecen superables, sobre todo porque contamos con más conocimientos, tecnología y cooperación internacional que nunca.

Los hechos nos invitan a seguir siendo optimistas: Europa ha demostrado en las últimas décadas, y lo está volviendo a demostrar ahora mismo, que es capaz de cambiar para mejor. Este cambio positivo nos da una base sólida sobre la que podemos seguir construyendo. Cada generación en Europa ha vivido, de media, mejor que la anterior, y si hacemos caso a las lecciones del pasado, esta historia de éxito seguirá adelante en el futuro.

Los retos del siglo XXI que hemos mencionado exigen visión de futuro e innovación. Europa no se encuentra al final de este proceso, sino al comienzo de una nueva fase de transformación. Con las políticas adecuadas, podemos llevar a cabo la transición ecológica de la economía, seguir reforzando la educación y la investigación, garantizar sistemas sociales justos, desarrollar nuestra soberanía tecnológica y velar por nuestra propia defensa. FOKUS representa esta confianza en nuestra capacidad de cambio y en una Europa optimista que cree en sí misma y se atreve a hacer cosas.

La Europa del año 2025 seguramente no será perfecta, pero será más libre, más segura, más próspera y más agradable para vivir que nunca. Hay que difundir esta idea para contrarrestar el discurso del miedo de los populistas con una visión de futuro positiva y basada en hechos. Porque hay motivos para ser optimistas: el pasado ha demostrado que podemos tener una confianza básica en el progreso, por el bien de las generaciones actuales y futuras de Europa. Hoy en día, en muchos sentidos, es el mejor momento para vivir en Europa, y juntos podemos hacer que el futuro sea aún mejor.

El futuro nace de la confianza

La historia de Europa no es una historia de estancamiento, sino de cambio: de un continente en guerra a uno en paz, de la privación a la participación, de la desconfianza a la colaboración. El populismo se alimenta de la alienación y la falta de memoria. Nosotros le plantamos cara con una visión del mundo positiva y basada en hechos: una que no niega lo que pasó, pero que tampoco olvida lo que se ha conseguido.

FOKUS.

La alternativa basada en los hechos al populismo.

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